Nicholas Carr titula su tercer capítulo como “Las
herramientas de la mente”. A lo largo de este habla de las tecnologías y de su
impacto en nuestras vidas, en nuestra cotidianidad y de como ella (la
tecnología) no solo se ha venido desarrollando desde el siglo XX, sino a través
de toda la historia de la humanidad.
Al leer este capítulo recordé mi clase de Filosofía
de la Cultura, pues en estas últimamente hemos hablado de estos instrumentos
que de una u otra forma nos facilitan nuestra vida. Por un lado Descartes en sus
“Meditaciones metafísicas” afirma que el hombre se divide en dos partes “una
cosa pensante y una cosa extensa, entendiendo esta cosa extensa como todo
aquello que nos rodea y es modificable a nuestras necesidades”. (Descartes, 1641) Se podría decir entonces que
esta postura de Descartes apoya a los Instrumentalistas, como David Sanoff,
pues ellos “minimizan el poder de la tecnología, en la creencia de que las
herramientas son artefactos neutrales, totalmente subordinados a los deseos
consientes de sus usuarios” (Carr, 2010) . Pero, por el
otro lado tenemos a los deterministas, como Thorstein Veblen, argumentando que
“ el proceso tecnológico, que ellos veían como fuerza autónoma externa al
control del hombre, ha sido el principal factor que determina el curso de la
historia humana” (Carr, 2010) .
En mi opinión los
deterministas son quienes reflejan nuestro mundo actual, pues los que inició
siendo algo que tendría que moldearse bajo nuestras necesidades terminó siendo
todo lo contrario. Pues ahora no vivimos a nuestro ritmo, sino al paso que nos
toque; es mortal que no avancemos con el mundo y que la tecnología, como
decimos coloquialmente, “nos atropelle”.
Esa ayuda a nuestra vida,
terminó siendo la vida misma. Ahora, podemos entrar en un estrés profundo si
nuestros amigos no nos responden el chat y también pensamos que quien no está
en las redes sociales está mal, no existe.
Y pensar que antes la
discusión se basaba en la importancia de la escritura y de la oralidad.
Inicialmente teníamos una cultura basada en la oralidad y quien mejor para
explicar esto que Sócrates “Mucho mejor que una palabra escrita en el
<<agua>> de la tinta es << una palabra grabada por la
inteligencia en el alma del que aprende” (Carr, 2010) esto quiere decir que para ellos la escritura
si bien tenía sus beneficios, nos iba a convertir en pensadores menos
profundos. Pero para los que apoyaban la escritura como Platón la mente
limitaba las cosas a lo que recordaba, mientras que si se dejaba por escrito no
habría tal limitación.
Intentar retener una
información por más fácil que sea, para mi, es casi imposible. Por eso en clase
tomo apuntes, intento copiar todo cuanto pueda y con la mayor claridad posible.
Tal vez si hubiésemos seguido con aquella cultura oral mi capacidad de recordar
las cosas estaría mucho más ejercitada. Pero por otro lado no imagino toda la
información que se hubiese perdido de no tener nuestra cultura escrita. De
pronto mi clase de filosofía de la cultura no sería ni la mitad de lo que es de
no tener apoyo escrito de lo que se pensaba en la época de Descartes, Freud,
Heidegger, Kant, entre otros.
Si alguna vez lo oral y lo
escrito se enfrentaron por saber cual era más conveniente en la vida humana,
ahora estas pasaron a un segundo plano pues el hombre logró “sobrevivir” y
mezclarlas para su beneficio, obviamente con sus pro y sus contras. Ahora nos
enfrentamos a un nuevo reto, la internet y los desarrollos tecnológicos que la
acompañan. Con ella empieza una nueva discusión sobre los beneficios que trae a
la vida humana, hasta el momento son muchos quienes la defienden, pero también
se ve atacada por otros.