Antes de empezar a leer este libro de Nicholas Carr
no me importaba mucho lo que Internet estuviese haciendo con mi mente, digamos
que no es algo que me atormentara y mucho menos me quitara el sueño.
Inicié leyendo este libro con una buena actitud, pero
jamás se me cruzó por la mente llegar a sentirme identificada con algo que
estuviese escrito, acaso qué podría estar haciendo Internet con mi mente si es
algo que he usado toda mi vida, es más, ahora que recuerdo fue en mis clases de
sistemas, en el colegio, que me enseñaron a usarlo, fue ahí donde cree mi
cuenta de Hotmail y donde aprendí a usar el fantástico mundo del señor GOOGLE.
“HAL Y YO”, primer capítulo del libro de Nicholas
Carr. Inicia hablando de una tal supercomputadora HAL, nada mal para empezar un
libro que habla sobre tecnología, luego algo de “bla bla bla” hasta que dice:
“Ahora mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos. Pierdo
el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer.” Como diría Homero
Simpson “¡Douh!”, pues sí, debo aceptar que mi mente ya estaba algo dispersa y
pensando en si me estaban escribiendo en Facebook o en que momento mi celular
vibraba con el Whatsapp. Acaso ¿soy tan predecible cuando tengo un aparato
electrónico a la mano? O es que ¿nuestros cerebros ya hacen eso por inercia?.
Me encantaría saber la respuesta, pero en verdad no la tengo.
Luego Nicholas Carr dice “La Web ha sido un regalo
del cielo para mí como escritor. Investigaciones que anteriormente requerían
días por las estanterías de hemerotecas o bibliotecas pueden hacerse ahora en
cuestión de minutos”. Error señor Nicholas, esta “bendición” de la Internet no
solo llegó a su vida de escritor, sino a la de millones de estudiantes. Yo
personalmente no me veo haciendo unas interminables filas en una biblioteca
para poder entrar a buscar el significado de una palabra, eso no pasa por mi
mente, pero según mi mamá así era en su época, “yo salía de la escuela directo
a la biblioteca y me tocaba coger dos buses y llegar a hacer una fila de horas
y horas para poder buscar alguna tarea”. Es en estos momentos donde todos
decimos… ¡Bendito seas Internet!.
Cuando el autor empieza a contar toda su historia de
cómo obtuvo su primer computador y como todo esto empezó a evolucionar con el
tiempo, me hizo acordar de cuando prendí un computador por primera vez en mi
colegio. Siempre que llegábamos los computadores ya estaban prendidos hasta que
un día el profesor decidió que ya era hora de que aprendiéramos como era que se
hacía eso. Aunque el autor prendió su computador por primera vez en 1986 y yo
como en 1998, la reacción fue la misma, me enamoré de ese aparato, tanto que
ahí empezaron las peleas en mi casa, peleas de papá vs hijos, “No me cojan el
computador que ustedes se ponen a jugar y me hacen perder la información de mi
trabajo” y también una que otra pelea con mi hermano por ver quien jugaba
primero “no primero yo porque soy la chiquita, pero yo soy el mayor así que
primero yo”, finalmente ganaba él con un simple empujón.
Creo que en ese momento donde entendí la magia de la
tecnología, en mi cerebro se activó ese “chip” que todo el mundo dice que mi
generación tiene y empecé a desarrollarlo. De ahí digamos que se deriva que
pueda hacer varias cosas al tiempo como chatear, leer, ver televisión, hablar
con mi mamá y cosas por el estilo que según profesores y papás solo nosotros
podemos hacer.
Hay algo que me dejó pensando desde que terminé el
segundo capítulo de Nicholas Carr, cómo es eso de que mi cerebro está en
constante cambio, mejor dicho ¿qué es eso de la Neuroplasticidad?. Pues bien,
Nicholas lo expone como la capacidad del cerebro de estar en constante cambio,
adaptándose incluso a pequeñas alteraciones en nuestras circunstancias y
comportamientos. Esto es apoyado por un artículo de los Doctores Eduardo
Bayona, Jaime Bayona Prieto y Fidias León – Sarmiento, ellos basan su
definición citando a otros Doctores que en algún momento tocaron este tema. De
todas las personas que aparecen en éste artículo, en la parte de plasticidad,
el que más me llamó la atención fue la definición dada por James W en su libro The Principles of Psycology, en donde la
define como una estructura “tan débil como para ser influenciada, aunque
suficientemente fuerte como para que esta influencia no se pierda en su primer
uso”. Y pensándolo bien, es lo que pasa conmigo o bueno podría decir que con
todas las personas.
La tecnología es algo que llegó a mi vida y desde
entonces no he logrado desligarme de ella, así que mi mente fue fácilmente
influenciada y la vez los suficientemente fuerte para no olvidar ni como se
prender un computador, ni como realizar una llamada desde mi celular, ni como
entrar a las redes sociales y por más que pase el tiempo son cosas que no
olvidaré. También fue así como mi mente se adaptó a dejar de ir a las
bibliotecas y buscar en medio de un morro de libros alguna bobada que ahora
encuentro con solo entrar a Google y teclear alguna palabra clave, mirar un
poco de que habla cada página que aparece y ya ahí está mi trabajo.
Finalmente, fue en ese momento en que entendí lo que
Nicholas Carr quería decir con la “neuroplasticidad”. Efectivamente mi cerebro
siempre va a estar en constante cambio, porque la tecnología siempre nos
sorprende con nuevas cosas y yo no pienso quedarme atrás.
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