La red, pensar a profundidad en ella puede que para
algunos no sea de mayor importancia y más si tenemos en cuenta que nosotros
nacimos en la generación en que esta ya estaba en un gran avance, o bueno si no
del todo no sentimos o no nos dimos cuenta de todos los cambios de los que
nuestros padres hablan y se sorprenden cada día más.
Nicholas Carr nos muestra en su capítulo 5 titulado “Un
medio de la naturaleza más general”, algunos de los inicios de la red y los
respectivos avances que la han llevado a ser lo que es hoy en día. Nos habla
del inicio de las imágenes en las páginas Web “ … como al texto al que solían
acompañar, eran en blanco y negro, y su baja resolución las dejaba borrosas” (Carr, 2010) , luego con el
paso del tiempo empiezan los sorprendentes cambios y llegan las imágenes a
color y con ellas las mejoras en tamaño y calidad de las mismas.
Pero este avance no se quedó ahí, todas las canciones,
textos o palabras que escuchamos hoy por la red también tuvieron su proceso,
este inició con el desarrollo de algoritmos de software que ayudan a borrar
sonidos que no serán captados por el oído humano. Estos algoritmos, según Carr,
lo que hacen es comprimir el archivo de sonido a tamaños más pequeño,
sacrificando la calidad del audio. Esto suena bastante bien la verdad y digamos
que para alguien que no sabe mucho del tema no significa mucho aquel sacrificio
de calidad del que hablar Carr, pero después de que vi una clase llamada
tecnologías de la radio entendí que no en todos los casos es tan leve el cambio
de calidad. Muchas veces se comprime tanto el sonido que parece que se hubiese
grabado como en un baño, en verdad que después de escuchar algo con buena
calidad y algo con mala calidad entiendes la diferencia.
Y para “finalizar” este pequeño viaje que Nicholas Carr
nos hace hacia los inicios de la red, nos encontramos con el video. En un
principio “los videos online se mostraban en pequeñas ventanas dentro de los
navegadores. Era frecuente que las imágenes parpadearan o se perdiesen, y por
lo general estaban desincronizadas de sus bandas sonoras.” (Carr, 2010) . Pero ahora vemos videos de las canciones,
televisión y en radio está la posibilidad de ver a las personas que están
detrás del micrófono. Mejor dicho con los avances del video por la red puedes
ver lo que pasa en otros países sin necesidad de esperar el noticiero. Pero
este intercambio de información no solo sucede con los videos y su portal
YouTube, pues también tenemos la fabulosa enciclopedia Wikipedia, que para bien
o para mal no ha salvado de leer largos libros y ha resuelto varias de nuestras
tareas tanto del colegio como de la universidad.
Y con todo esto de la red llega algo de lo que pocos
sabemos, el hipervínculo. Eso que en muchos textos encontramos de color
diferente y subrayado y que cuando acercamos el mouse la flechita cambia a
mano, como invitándonos a dar click y que se abra otra página y creo que en
muchos de esos “clicks” hemos llegado a cosas interesantes que jamás pensamos
encontrar teniendo en cuenta la búsqueda inicial.
“No sólo se veía el hipertexto como una posible
liberación de las reglas a las que la academia había sujetado el texto, sino
también como un borrar la separación (distancia) entre el autor y el lector” (Martinez) esto que dice
Jose Luis Gómez Martínez en su texto “Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto
como faceta sociocultural de la tecnología” es una de las características más
importantes porque rompió es barrera que le impedía al lector interpretar y
entender más a fondo el texto. Lo liberó de esa linealidad que caracterizó al
texto impreso, dejando de lado esa única versión del autor para ver otros
puntos de vista. Ahora con el hipertexto ya el autor no escribe para él,
escribe para el lector y tiene en cuenta a esa persona que en algún momento
decidirá leer su obra.
Las imágenes, el video, el sonido, el hipervínculo, la
interactividad, búsquedas, multimedia, etc… es lo que hacen de la red ese algo
que no nos deja despegarnos del internet un solo minuto, en nuestra casa, en la
universidad, incluso en lugares que en un principio estaban diseñados para
tomarse un café hay internet o WIFI, esto hace que nuestras vidas estén
agitadas y por qué no estresadas, pues si no nos responden un mensaje al
instante ya empieza el desespero y la intranquilidad.
A medida que la red avanza y se vuelve más cotidiana en
nuestro diario vivir hay otros medios que van haciéndose cada vez más pequeños
y en algunos casos desaparecen. Por ejemplo en los últimos días vimos como una
de las tiendas disqueras más reconocidas en Colombia, Tower Records, tuvo que
cerrar sus puertas a nivel mundial y declarase en quiebra después de una crisis
que venía desde el año 2006 cuando cerró sus tiendas en Estados Unidos. Y como
esta empresa otras que se encargaban de vender películas o alquilarlas también
fracasaron, aún recuerdo cuando iba con mi papá a Betatonio o Blokbuster Video
a alquilar películas para verlas en casa, era una tienda tan grande y con
tantas cosas que parecía que jamás terminaríamos de escoger las películas que
íbamos a ver. Pues bien esas tiendas ya no existen, queda una que otra de
Blockbuster en Bogotá, pero ya no significan lo mismo. Y ni que decir de las
postales o las ediciones impresas de algunas revistas, todas han bajado
notablemente, ahora es mucho más fácil y económico escribir en Facebook o
montar una página web en las que puedas subir las publicaciones de tu revista.
En otros casos también se aplica lo que decía Mcluhan “un medio nuevo nunca es
una adición a otro viejo ni deja nunca al viejo en paz. No deja de oprimirlo
hasta forzarlo a una nueva forma y posición” (McLuhan, 1996) Esto lo vemos
en los cambios que han tenido los periódicos, por ejemplo, que sin dejar de
lado sus impresiones diarias tienen también su página web y sus noticias al
día, al igual que la televisión y la radio con los podcast, ninguno de los dos
deja de lado su esencia, solo se adaptan a las nuevas tecnologías. Y esto mismo
lo vemos reflejado con las bibliotecas que si antes eran estantes llenos de
libros y el único sonido que escuchábamos era el del pasar de las hojas, ahora
se vieron en la obligación de abrir un campo para que hayan computadores y el
sonido de las hojas se opacó con el de los teclados.
Esto me lleva a preguntarme si será que algún día veremos
las bibliotecas llenas de computadores, pues las editoriales en ese afán de
estar al día en la tecnología terminarán digitalizando todas sus obras y la
verdad es que no suena descabellado pues se evitarán los costos de la impresión
del libro, transporte de la carga a las diferentes lugares y los libros serán
mucho más económicos para los lectores, al igual que ahora tendrán mayor
comodidad porque si quieren pueden agrandar a letra del texto y no se cansarán
tanto de la vista. Mejor dicho tanto las editoriales como los lectores salen
ganando.
Pero como no todas las personas somos iguales hay quienes
aún no se pueden adaptar a esta metodología de leer en una pantalla, bien sea
porque se les cansan los ojos por la luz que de esta sale, porque no logran
concentrarse en su lectura o porque prefieren rayar el libro con su letra y
poner sus apuntes que hacerlo en el computador.
Como dice el dicho “entre gustos no hay disgustos” y leer
en libro impreso o digitalizado depende del lector, yo por ejemplo no me
acostumbro a leer en el computador prefiero imprimir el texto y leerlo en
hojita y subrayar con resaltadores. Pero definitivamente de lo que nunca me
podré deshacer es de la inmediatez de todo, quiero una respuesta por whatsapp
ya, al tiempo que leo el libro, miro Facebook y reviso el correo electrónico. En
conclusión mientras exista el internet mi generación y las generaciones futuras
seremos todos unos malabaristas.
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